Todo el mundo se come

Maíra Senise




Ice cream times

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Tentando parede; 2016; Óleo y gesso sobre tela; 69 x 58 cm.

Maíra Senise

Todo el mundo se come

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Las criaturas que aparecen en las obras de Maira Senise (Rio de Janeiro 1989) no tienen un origen claro ni responden a un nombre. No hay especialista que pudiese taxonomizarlas. Van apareciendo en la obra convocadas por la mágica relación entre el material y el momento presente. No hay un plano inicial ni premeditado pero siempre recaen en un universo crudo y naif que los contiene de manera natural.

Esta joven artista dice que su hacer diario en el estudio se trata sobre todo de agudizar la mirada para ver como una mancha, un bosquejo e inclusive errores se van convirtiendo en rostros, cuerpos y paisajes. En este proceso hay figuras que aparecen, otras que se devoran o se camuflan entre sí. Algunas se refugian en una mancha de oleo o en una pieza de cerámica. Son figuras que no delimitan sus espacios, que se mezclan con el fondo y con sus propia falta de forma.

Sobre el resultado de este proceso y estas piezas dice Senise “Restos que son retratos de mi ceguera, que me transportan a cavernas, a cuerpos abandonados o a ciudades destruidas. Escenarios perfectos que no son pacíficos. El cruce de la figuración y la abstracción están siempre haciendo pactos de armonía. No hay narrativas lineales, pero sí hay una historia que se cierra a través de lo que sobrevive en cada pieza. Una casa, un sol, caminos guiados por pisos de tierra. Partes de una figura humana, un animal. Me siento yo misma un niño orgullosa de mostrar los dibujos de las cosas que amo”.