El uso de la imaginación para la construcción de la religión y de la historia ha sido una herramienta de poder y manipulación desde siempre. Nos entendemos a través de la historia y nos sometemos o nos sublevamos a través de ella también.

Marcos Castro, en sus obras, ha jugado siempre con esta idea camuflando elementos históricos oficialistas con otros inventados por él, ambos con igual carga ficticia.  Frente a ellas el espectador reconoce elementos que le son familiares y que identifica como reales, pero que acompañados con otros de orden “anormal” o mitológico, enrarecen lo que es comúnmente considerado como “real” y dejan al espectador dislocado. Lo figurativo de las obras parece en un primer acercamiento proponer un pacto de lectura realista, cuando finalmente son obras que remiten directamente a ”lo fantástico”. El espectador, entonces, vacila frente a las imágenes y en ese vacilar entre lo real y lo falso también se abre un espacio en él mismo (como un volcán) donde cuestiona, y se empodera con su propia percepción. Ese instante, ese microclima temporal y perceptivo entre el que mira y la pieza, es para mí la maravilla que logra Castro. 

Con esta exposición Marcos toma varias posturas frente a lo “histórico”. Por un lado decide formar parte de “La historia de la pintura” a nivel formal, en este gesto se integra también a una fuerte tradición como es la pintura de paisajes, especialmente en México y en específico la tradición de paisaje vulcánico (existente no solo en la pintura sino también en la poesía y en la literatura). 

Uno de sus grandes ejemplos es Dr. Atl quien presenció en 1943 el nacimiento del Paricutín, y durante 5 años se dedicó a estudiarlo y a documentarlo dejando como legado una monografía completísima y un cuerpo de obra incomparablecon datos reales y precisos de un evento que por más datos que se recopilen, para explicarlo es simplemente extraordinario. Dr. Atl, al igual que los pintores viajeros de antaño, lo que quería era dar testimonio de ese suceso histórico, esa nueva realidad que se manifestaba. Lo “nuevo”, lo “desconocido”en la pintura siempre se vuelve eterno e innegable. Es paradójico que en un momento de híper conectividad y tecnología cuando creemos poder controlarlo todo, lo único que ha puesto un freno a la velocidad de nuestra realidad y nuestra idea de futuro es la fuerza de la naturaleza. El impacto ambiental que puede cambiarlo todo. Como los volcanes que nacen de la nada sin avisar, se abre la tierra y emerge, se manifiesta iracundo, se impone y nos vuelve pequeños, vulnerables y frente a él perdemos el control, inclusive, sobre el curso de la historia.

Mañana, cenizas: Marcos, desde la calma de alguna loma alejada, pinta esta exposición con una cercana lejanía. Imágenes de un futuro posible se ven al horizonte. Comparte el punto de vista el que las crea con sus antecesores, estos pintores exploradores también se sentaron alguna vez, en esta misma loma imaginaria. 

Y nosotros al mirarlas las percibimos desde otro lugar, no desde la calma de la loma. Algo de nuestro cuerpo estádentro de estas escenas o, ¿ya estuvo? o, ¿sabe que puede estar?, nuestro cuerpo se reconoce como parte de ese paisaje. 

El futuro que ve Marcos es parecido al pasado que vio Marcos en sus obras anteriores. Pero este presente-futuro es más desolado, más sombrío, extrañamente más cercano aunque llamativamente más fantástico. Hay en él esqueletos en llamas, como espíritus atrapados pero también deambulan unos “seres” con los que automáticamente empatizamos. Solos, nómadas, se trasladan con mochilas o atavíos por extensiones furiosas. Su presencia en las piezas, en lo personal, viene a darme cierta seguridad. Como si portasen un conocimiento que nosotros no, me transmiten en sus gestos la certeza de que van hacia la conquista de lo que podría ser la construcción de un nuevo orden, de una nueva forma de hacer historia. Veo los cuadros y siento que detrás de todos los horizontes de estas piezas es dónde esta el futuro, ese que todavía no sabemos enunciar.

Domitila Bedel